Estamos en el último tramo de la manida cuesta de enero. Por primera vez en nosecuantosaños llego con aire en los pulmones: un eufemismo, claro. Pero me hace sentirme feliz, no el eufemismo, sino el hecho de tener aire. Precisamente en el año de la crisis por antonomasia: toma ya palabreja, exagerada por antonomasia.
Enero es un mes jodido, el refranero dice que tan jodido es enero como febrero, pero no nos podemos quejar (lo que no tiene remedio, pues no lo tiene). No es que no se pueda mejorar, pero quejarse: ¿para qué?. Que se queje la oposición, es su trabajo. No es que yo sea del gobierno, no nos vayamos a confundir, pero no me quejo. La gente se quejaba porque no llovía: allá por el mes de noviembre, hoy casi todos se quejan por que no para de llover, ¿qué se puede esperar del invierno? ¿calor?, ya llegará el verano: quetoloverdeloseca. Los más ancianos del lugar le temen: al invierno pero, sobretodo, a enero. Sobrevivirlo es un logro, ¿para quién no?. Pero los días hay que vivirlos uno a uno, sin prisas, pasan solos, sin ayuda, unos mejor y otros peor, pero días al fin y al cabo. Incluso si te aburres, pues mejor, más largo se te hace, y alargar un día tiene su mérito. Mi madre sufre por lo largos que se le hacen los días, lo que se le hace larga, en realidad, es la soledad, pero no lo puede remediar. Lo dejo aquí; no quiero haceros más largo el día...
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martes, 26 de enero de 2010
Dijo enero (u otro) al hortelano: no me protestes por agua, que ya llegará el verano...
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