domingo, 3 de octubre de 2010

La hora de... coño qué tarde es

Acabo de leer -en dos días, solo son 190 páginas- el libro de Leopoldo Abadía: La hora de los sensatos. Muchos lo habréis leído ya. Si lo comento, lógicamente, es porque me ha gustado, porque me parece interesante. Es una utopía politico-económica con base en la docencia y en la decencia. La decencia que se le puede suponer, es maño y conozco a algunos que son muy decentes. No digo que los que no lo sean -maños- no lo sean -decentes- ni lo contrario: en todas partes cuecen habas. Basado en las normas de la Fórmula1, trata del recurso del safety car que sale a pista mientras se recobra la normalidad tras un accidente. Puede parecer un tanto ingenuo, pero al mismo tiempo puede contener una pizca de ambición, no solo la lógica ambición de vender libros y ganar dinero, me refiero a la otra ambición, a la de poder: la madre de todas las ambiciones. Don Leopoldo, como otros muchos, tiene derecho a ganar dinero y también tiene derecho a gobernar el país. Pero es más interesante por no pretender otra cosa que salvar al país de la crisis que nos ocupa. Sin prebendas ni otros beneficios,  parece no necesitarlos, ni económicos ni de otro tipo a modo de recompesa, y en solo cuatro años sin prórroga. Tiene para mí algunos aspectos, muchos, discutibles y debatibles: es rico. Pero no hay que pensar, del todo, que sea un cuento de viejo: solo es mayor... pero no le dejarían, ni siquiera los de derechas.

4 comentarios:

Alfonso dijo...

No lo conocía, interesante, me lo apunto :)

Rodrigo Malaventura dijo...

La clase política, en general, es autoinmune y corporativista,... siempre piensan que el que está enfrente, está equivocado.

El libro, cuanto menos, es original.

rafarrojas dijo...

Yo me pregunto qué contaría o qué planes tendría el señor catedrático (por no decir su nombre y hacer rimas internas), si no tuviera 70 y pico años.
Es tristísimo, hoy que acaba de salir el dato del paro (+ de 4 mill) y la bajada de prestaciones para desempleados, ver la falta de inteligencia, o de bondad, o de ambas, en todos los que ahora mismo tienen algún poder: el representante del partido en el gobierno, el sindicalista de turno (que debería estar avergonzado de lo poco que aporta y lo mucho que da por retambufen...). Etc.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Pinta interesante; habrá que leerlo.

Un saludo