Cuando tenemos poca edad, o mucha: (¿hasta cuando tenemos poca edad?); y por ende poca experiencia (siempre tenemos poca); todo lo que nos ocurre tiene mucha importancia, nos parece que somos los únicos a los que les ha pasado: Desde el inicio de una relación de pareja, un primer trabajo, o la primera ruptura seria o el primer despido. El mundo se nos viene encima, nos dejan hechos polvo, parece que no saldremos de ese agujero.
El problema surge porque no nos gusta cambiar. Por instinto o por cualquiera sabe qué, lo que hacemos lo hacemos con vocación de que dure para siempre. No nos imaginamos en otra situación que no sea la que llevamos viviendo durante algún tiempo –de cualquier duración- .
Estas situaciones, si no se superan, pueden llegar a ser patológicas, nos olvidamos de vivir el resto de nuestra vida. Es cierto que algunos casos son difíciles de olvidar, sobre todo las que tienen que ver con desapariciones o muertes de hijos, como los del caso de Marta, Marilúz, Juan Holgado y tantos otros a los que ya hemos olvidado o no recordamos tanto. Algunos padres de estas situaciones han dejado de vivir su propia vida y lo que hacen es seguir con el caso y las heridas abiertas y abandonan todo lo que suponía el resto de sus intereses, hijos, vida, etc..
El problema surge porque no nos gusta cambiar. Por instinto o por cualquiera sabe qué, lo que hacemos lo hacemos con vocación de que dure para siempre. No nos imaginamos en otra situación que no sea la que llevamos viviendo durante algún tiempo –de cualquier duración- .
Estas situaciones, si no se superan, pueden llegar a ser patológicas, nos olvidamos de vivir el resto de nuestra vida. Es cierto que algunos casos son difíciles de olvidar, sobre todo las que tienen que ver con desapariciones o muertes de hijos, como los del caso de Marta, Marilúz, Juan Holgado y tantos otros a los que ya hemos olvidado o no recordamos tanto. Algunos padres de estas situaciones han dejado de vivir su propia vida y lo que hacen es seguir con el caso y las heridas abiertas y abandonan todo lo que suponía el resto de sus intereses, hijos, vida, etc..
Otras son pasajeras o más livianas o más habituales o sabemos que tienen solución y las olvidamos para poder seguir viviendo, las acumulamos en nuestra experiencia e incluso nos transforman: aprendemos. Con los años nos vamos dando cuenta de todo tiene solución cuando hablamos de problemas. O por el contrario nos damos cuenta de que no tiene solución alguna: cuando queremos convencer a alguien de que está equivocado o actuando de manera errónea, siempre desde nuestro punto de vista... claro.