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viernes, 27 de marzo de 2009

Por un bloguero muerto en Irán

Los políticos son servidores públicos. Cuando alguien decide dedicarse a la política lo hace por vocación de servir a su país. El país, la patria NO es un trozo de terreno más o menos grande con recursos materiales, riquezas y materias primas. La Patria, con mayúsculas, ES el conjunto de personas que viven en ese lugar.
Limitado por fronteras artificiales por cuestiones históricas -conquistas guerreras, casi siempre- con las muertes de los subditos de reyes o caudillos visionarios o ambiciosos de poder y dinero (que los reyes y caudillos nunca mueren en la batalla, alguien tiene que quedar para poder disfrutar de sus victorias y conquistas). De esos todavía quedan muchos en nuestra "bolita común". Luego, curiosamente, no temen lo que los ciudadanos hagan o de qué vivan, sino que lo peligroso, al parecer, es lo que digan, y son tan peligrosos que pueden incluso pedir derechos humanos, qué se habrán creído. Y claro tienen que ir a prisión. ¿No tienen bastante con vivir en un maravilloso país temeroso de dios donde deberían agradecer todos los días a sus dirigentes que les permitan vivir?.
En nuestros paises democráticos no son mucho más diferentes. Los dirigentes políticos se creen dignos de servidumbre popular, se olvidan de quién los ha elegido y para qué. Nos otorgan derechos fundamentales: como el de manifestación y de expresión, pero que no les ofendamos, que no se lo merecen, que no lo van a permitir, que ellos nos gobiernan por nuestro bien y nuestro bienestar.
Pues no, no están para gobernarnos, están para administrar los impuestos y dar servicios al ciudadano, garantizarles que vivan en paz, para impedir que nadie les explote, ni les time, para que prosperen y hagan grande a un país que son sus gentes. Que ejerciten su libertad, para garantizarla a todos en general... y que no se crean imprescindibles, lo son al mismo nivel que el resto de nosotros.